lunes, 3 de febrero de 2020

Capítulo 4: De vuelta tú.


Cuando llegué al departamento todo estaba oscuro, extraño, siempre que salgo dejo una luz encendida, intente encender la luz del pasillo de entrada, pero no se podía, ¿cortaron la luz? Estoy segura que no, mi tío de encargaba de pagar mis gastos, eso sonó a que soy un parásito mantenido.
Encendí la linterna de mi celular e ingrese lentamente, si les decía que no tenía miedo les mentiría, quizás él volvió y ya no más en plan de amistoso por la forma en que lo trate la última vez. 
Había una tenue luz que llegaba a la sala, provenía de la cocina, lentamente me acerque. No había nadie, solo una mesa arreglada para dos con velas en ella, de los nervios no había notado el olor a comida que se esparcía por la habitación.
—¿Hola? —Genial, precia tonta, ni siquiera se su nombre, ¿Acoso él hizo esto?
Escuche pasos detrás de mi, pero al contrario de las veces pasadas que estaba segura que era él por su voz, esta vez dude e inmediatamente me gire a la defensiva.
—Tranquila preciosa, quería darte solamente una sorpresa, no fue mi intención asustarte —comentó mientras se dirigía a la mesa y tomaba su haciendo como si nada.
—¿Qué sucedió con las luces? —cuestione aun a la defensiva.
—Solo un pequeño fallo según la administración, ¿Por qué no vienes y cenamos tranquilo? —cuestiono mi tío al ver que no pensaba tomar mi lugar. La verdad dude en hacerlo, parecía una cena de una pareja enamorada en lugar de una cena de celebración.
Sin tomar mucha más importancia al ambiente me encaminé a la mesa al ver que serbia la comida, mientras él está en lo suyo decidí sacar mi chequera y salir de mi deuda lo más antes posible.
—¿Cuánto te debo por todo lo que has pagado por mí? —pregunte con mi mirada puesta en sus acciones.
—Deja eso para después, comamos —dijo sin más mientras probaba el primer bocado. Sin más decidí hacerle caso, se esmeró por mí. Quizás debería ser menos fría con él.
Quizás no fue fácil criarme desde los seis años, ahora que recuerdo, nunca vi a mi tío con ninguna mujer, nunca tuvo una familia.
Inmediatamente me sentí mal por él y deje a medio camino mi segunda cucharada de la cena que se dirigía a mi boca, prácticamente lo privé de su vida al encargarse de mí, siento que robe sus mejores años.
Cuando se encargó de mí solo tenía 24 años, era el menor de la familia y por cuidarme renuncio a su carrera, quizás aún estaba a tiempo de rehacer su vida.
Estaba más que decidido, aparte del dinero que dejaron mis padres para él le daría una buena cantidad para que la invirtiera en el negocio que quisiera, nada le faltara si deseara hacer una familia.
Por un momento detuve mis divagaciones y lo observe, cuando logre captar su atención dije lo que había meditado.
—¿No vas a probar bocado? Lo hice para ti.
—Ha hecho tanto por mi tío, quiero compensarlo no solo con lo que mis padres dejaron para usted y con lo que le devolveré del apartamento, quiero darle más —propuse ignorando su comentario.
—¿Crees que esto es asunto de dinero? —cuestiono bruscamente mientras su puño reboto fuertemente en la mesa.
Rayos, nunca lo había visto tan ofendido.
—Solo quiero darle lo que necesite para que cumplas sus sueños, sus metas, al encargarse de mi tuvo que renunciar a muchas cosas. —mencione tratando de apaciguar su enojo, no creí que mi comentario le afectará.
—No se trata de dinero Rosa, ¡se trata de ti! —exclamo mientras se levantó y tomo mi brazo para levantarme bruscamente.
No me estaba sintiendo bien y es como si reaccionara lentamente, él simplemente me tomo de la cintura y me miró con ira en sus ojos.
—Siempre menospreciandome Sharon, ¿solo porque soy menor que tú?, ¿por eso preferiste a mi hermano? —cuestiono sosteniendo más fuerte al ver mis intentos de alejarme.
—No soy mi madre, suéltame.
—Siempre se trata del maldito dinero para ti, ¿es porque mi hermano tenía un trabajo y no era un simple estudiante como yo? ¡Dime Sharon! —exclamo pegando más a su cuerpo mientras más débil me sentía.
Rápidamente tomo mi mandíbula y me beso a la fuerza.
Repulsión, nada más que repulsión sentí en ese momento, mi tío, me veía como a mi madre. Pero mi madre le rechazó y se casó con su hermano, lo cual tiene lógica para mí ya que para cuando mis padres se casaron, él solo era un chico de quince años.
—Maldita perra —fueron sus palabras después de morder su boca, aun sin bastarle me dio con su puño en el rostro mandándome al suelo de manera inmediata, no sé si era el miedo o qué, pero mi cuerpo no reaccionaba y sin poder poner resistencia cuando me tomo de mi cabello, simplemente quedé inconsciente, no recuerdo más.
Oscuridad, frío. Mi respiración era lenta.
Escuche máquinas, olía raro. Lentamente estaba siendo consciente de mi alrededor, pero me costaba abrir los ojos, era demasiado claro. Con los segundos fui plenamente capaz de mirar con claridad, pero no podía pensar con claridad, a mi lado lograba ver a Doña Marta algo angustiada, pero no lograba escucharle, solo veía sus labios moverse. Me encontraba aun soñolienta.
—Gracias a Dios has despertado mi Rosita.
—Ahí va usted otra vez con su Dios, déjelo tranquilo —exclame con pereza, me dolía la cabeza y parte del rostro.
—Llamaré a la doctora, no te muevas —menciono mientras salía corriendo de la habitación. Dejándome aun confusa sin saber que había sucedido y él porque estaba ahí. ¿Qué día es?
—Me alegra ver que ha despertado señorita —mencionó una doctora a mi lado, no me había dado cuenta que doña Marta había regresado.
—¿Qué sucedió? —cuestione a la doctora que se me hacía levemente familiar.
—Cariño ¿qué es lo último que recuerdas? —pregunto con dulzura doña Marta.
Fue entonces cuando los recuestos impactaron mi memoria como pedazos de block pesados, uno tras otro. Me sentí asqueada, automáticamente me abracé en un intento de protegerme, como si así pudiera negar lo que había sucedido.
—Trata de tranquilizarte o tendré que sedarte, abuela, ayúdame a que controle su respiración.
—Calma cariño, estas a salvo, gracias a Dios tu novio llego a tiempo, él te salvo, tu tío nunca más intentara hacerte daño.
—No recuerdo mucho, quede inconsciente ¿qué paso? —cuestione entre lágrimas, no podía contenerme, era fuerte mi dolor.
—Te drogo, había agregado algo a la comida, pero ese joven llego justo a tiempo y lo saco a patadas del departamento, tu tío llamo a seguridad y acusó al chico, le hecho la culpa a él, por dicha fue listo y me busco, llego a mi puerta contigo en brazos para que me quedara contigo mientras él se encargaba de los demás. —conto la anciana mientras me abrazaba, mi respiración se calmaba, pero seguía llorando como niña desconsolada.
—Bien abuela, no la sedare, pero debo hacerle un último examen de sangre para asegurarme de que la droga haya salido completamente de su cuerpo y la policía está afuera, quieren tomar tu declaración —dijo la doctora mientras tomaba mi brazo, sin embargo, lo escondí, me sentía tan vulnerable lejos de los brazos de doña Marta en ese momento y temía que ella viera la herida de mi muñeca.
—Tranquila preciosa, ella es mi nieta, una gran doctora, estas en buenas manos.
Entonces lo comprendí, esa forma de decirle "abuela" no era por su edad, es porque en realidad lo es, esa familiaridad que encontraba en ella es porque tiene parentesco con doña Marta, es su nieta. Sin resistirme más le ofrecí mi brazo a la doctora la cual sonrió igual que su abuela, en ningún momento pregunto por mi herida, no me sentí jusgada.
—¿Llamaron a la policía? —cuestione a doña Marta.
—Fue un intento de violación, no podemos dejarlo pasar por alto, además están siguiendo a un inocente, tu declaración es necesaria —contesto la mujer mientras tomaba sus cosas y salía.
—¿Qué quiso decir? —cuestione aun limpiando mis lágrimas.
—Bueno, como los de administración conocen a tu tío y al joven nunca lo han visto, no le creyeron y ahora la policía lo busca, es necesario que digas lo que pasó para que arresten a tu tío, ellos no creen en mi declaración porque no soy testigo.
Por un momento dude de hacerlo, de decir lo que sucedió. Un extraño me había rescatado de mi propia familia. Y cuando pregunten de dónde lo conozco ¿Qué les diré? ¿Que se apareció una noche hace unos días cuando intente suicidarme?



domingo, 12 de enero de 2020

Capítulo 2: Acto 1


Un día nuevo había llegado, las personas corrían de un lado a otro para cumplir con sus deberes en este ajetreado mundo, en ocasiones me sentaba al lado de la ventana a mirar por ella, fuera todo era tan distinto a aquí dentro. Se podía ver la felicidad en las personas al caminar rápidamente por llegar a sus hogares, por hacer las compras de navidad o visitar a un ser querido, el pensamiento de que a la señora Marta nadie la visitará llego a mi cabeza, quizás yo debería, no, idea descartada. Debo dejar de encariñarme con ella, tiene apenas dos meses de vivir en el edificio, pero es demasiada alegre, no sé cómo hace para ser feliz.
La navidad cambia el ánimo de muchas personas e incluso su forma de ser o eso dicen, no he celebrado navidad en todos estos años ni pienso hacerlo ahora, nada de regalos ¿A quién se los compraría? ¿A mi tío? ni operada de la jupa, a pesar de estar atento con mi bienestar nunca fue cariñoso ni brindo el calor familiar, en ocasiones sin querer llegue a sentir miedo cuando estaba a solas a su lado quizás por eso accedió a que viviera sola aun cuando no era mayor de edad.
Es ahí junto a la ventana donde ese chico vuelve a saltar en mis pensamientos después de lo sucedido hace una semana y sí, ha pasado una semana desde mi fallido intento de morir y librarme de esta dolorosa vida, de este sentimiento de vacío y desesperación. Ese día estaba tan segura de querer morir y ansiaba ese momento tanto que no soportaba ni respirar, quería desaparecer, acabar con todo esto, pero ahora por alguna extraña razón ya no sentía el deseo de morir. No es que ahora vea todo color rosa y la vida maravillosa, claro que mi vida no mejora; seguía sintiéndome sola, vacía, sin sentido de existir e innecesaria en este loco y desenfrenado mundo, pero ahora sólo no quería morir.
Y volviendo al tema, la fría mirada de aquel chico misterioso saltaba siempre a mi mente varias veces al día, quería saber de quién se trataba él, algunas noches no dormía con la esperanza de que por alguna extraña razón él volviera e incluso dejaba las ventanas sin seguro creyendo que quizás así entraría fácilmente; aún que era una idea absurda pues me encontraba en el séptimo piso, él no era James Bond. Aun así, fuera la hora que fuera miraba la ventana de mi cuarto todas las noches hasta conciliar un poco el sueño, esperándolo una vez más y dirán ustedes "que loca, ¿cómo se le ocurre?" bueno, hace una semana después de que mi tío se fuera, él, ese chico apareció en mi cocina y descubrí que no le temo, por lo contrario, me causa extrema curiosidad.
Hace una semana
—Yo que tu no comería eso —escuche su voz desde mi espalda.
—¡Qué rayos! —exclame con susto mientras me levante escandalosamente con la cuchara en mano apuntando hacia él mientras pegaba mi espalda en el refrigerador.
—¿Qué, va usted a sacarme los ojos con una cuchara? —preguntó mientras daba pasos lentos hacia el frente.
—¡Vete! — ordene tirándole la cuchara.
Rápidamente la esquivo y busque algo más que pudiera usar como arma, él rodeó la mesa tratando de llegar a mí, lo cual me dio la oportunidad de estar más cerca a la puerta al yo igualmente rodear la mesa alejándome de él.
—No deberías ser agresiva cuando estas asustada —mencionó con una sonrisa de sorna en su rostro.
—¿y quién dijo que lo estoy? —respondí, sin embargo, fue como activar un clip en mi cabeza. No le temía a un extraño que entraba a mi departamento como un maldito psicópata y él lo había notado incluso antes que yo, peor aún me provocó y le confesé que no me asusta.
Nuevamente trató de acercarse sacándome de mis pensamientos, pero sin pensarlo tomé el plato de sopa y se lo tire dando en el blanco, lo cual me dio la oportunidad de correr a mi habitación y con mi celular llamar a los de seguridad del edificio, porque sí, en esta ocasión sí tenía la batería cargada. Inmediatamente avisé a seguridad que había un extraño en mi cocina que no parecía ser un vecino e incluso quiso agredirme, obviamente omití que era la segunda vez que estaba en mi departamento, que salvó mi vida y era yo quien le atacó con una peligrosa cuchara y una sopa caliente.
Los de seguridad no tardaron en llegar departamento los escuche detrás de la puerta hablando y revisando todo. Aunque no le temía a ese chico, no podía simplemente quedarme despreocupada mientras entraba como si nada al departamento, ni mucho menos invitarlo a que se quedara a tomar café, debía actuar como una persona cuerda.

 Después de varios minutos de espera tocaron a la puerta de mi cuarto.
—Señorita, somos los de seguridad del edificio, abra por favor, hemos revisado todo el departamento. —comentó el sujeto desde el otro lado de la puerta.
— ¿Lo atraparon? —pregunte acercándome a la puerta.
— Lo siento, pero no encontramos a nadie, los colegas están revisando todo el edificio. —dijo mientras yo abría la puerta de pronto.
— Exijo ver los vídeos de seguridad, ahí debe estar como es que logro entrar.
Después de varios minutos me llevaron a la sala de control, desde ahí se lograba ver todo lo que sucedía alrededor del edificio, sus pasillos, los ascensores, jardines y estacionamiento. Sin embargo, no había nada en las cámaras.
—Esto es imposible, ¿cómo es que no hay nada en las cámaras?
— Señorita lo sentimos, hemos tenido una falla, las cámaras dejaron de funcionar por media hora, incluso aún hay algunas que no funciona, los de mantenimiento han logrado hacer funcionar solo algunas y las otras deben ser reemplazadas.
— Es decir que tras de que no logran encontrar al tipo en todo el edificio, tampoco hay cámaras para averiguar quién es, excelente seguridad tenemos los que pagamos miles por vivir aquí. — menciona con sarcasmo caminando de un lado para el otro en el sitio bajo la mirada de varios del personal de seguridad.
— Señorita le pedimos que se tranquilice debemos llevarla algún hospital, ¿está herida? — preguntó el jefe mientras miraba la sangre seca que había en mi enagua con algo de preocupación.
¿Cómo lo había olvidado? No me había cambiado desde mi fallido intento, aún tenía la ropa del día anterior y como es que mi tío no lo había notado, es demasiada sangre.
— No sea incompetente, es pintura y esto no se quedará así escuchara mis quejas con la administración —dije sin más tratando de salir de esa situación pues me sentí incómoda cuando uno de los de seguridad noto la venda que había en mi muñeca.
— Señorita, le aseguramos que lo encontraremos solo hay dos ascensores en el edificio y nuestra reacción fue rápida, no pudo ir lejos.
— Eso espero, la reacción de ustedes fue rápida sí, aun así, no encontraron ningún extraño en el edificio y ya ha pasado una hora desde eso.
— Quizás saltó por la ventana —dijo uno de su equipo que parecía ser muy joven e inmediatamente recibió un golpe en su cabeza de su colega.
— No seas baboso, su departamento está en el séptimo piso —le explico inmediatamente su compañero.
— Espero que me den buenas noticias muy pronto — dije sin más y me retire.
Me dirigí a mi departamento para asearme y esperar noticias, sin embargo, no obtuve más que una disculpa, pues no encontraron nada, el resto de la semana transcurrió lentamente para mí y con una sensación extraña, incluso el tío no me visitó como acostumbra los viernes en la noche.
El timbre solo sacándome del recuerdo de la semana pasada, mire la hora en mi celular, eran las 5 p. m, hora en que Marta me visitaba normalmente. Con lentitud me levanté y fui a abrirle, tenía la esperanza de que se cansara de esperar y se fuera, pero esa señora es persistente, no sé qué la motiva.
—Hola Rosita, que bueno saber que ya estas mejor —saludo la anciana mientras pasaba al departamento y deposita un beso en mi mejilla.
—¿Cómo que mejor? —cuestione con duda, no creo que el chisme de que alguien haya entrado a mi departamento se expandió por todo el edificio. Ella simplemente suspiro y paso a la cocina con un recipiente que traía en sus manos, la mayoría de veces que venía acostumbraba traer algún postre para tomar con café mientras hablábamos.
—Mi niña, sé que intentas ocultar, no debe darte pena ni guardar silencio, pero quizás él no te lo dijo —respondió volviendo de la cocina y sentándose al frente de mí.
—Sea clara y específica por favor doña Marta —dije ya al borde de mi paciencia los rodeos me molestan.
—Como sabes los lunes te vengo a visitar después de terminar la célula en mi casa, después de que todos se fueron alguien toco la puerta con demasiada precisa, creí que alguien había olvidado un bolso o alguna Biblia, pero al abrir había un joven muy guapo frente a la puerta, era alto y tenía los ojos más azules que haya visto —comenzó a relatar doña Marta yéndose por las ramas nuevamente y yo al borde de mi paciencia.
—Doña Marta al grano por favor, ¿Qué tiene eso que ver conmigo? —pregunte algo molesta.
—Oh, cariño lo siento, ya sabes como soy, resulta que el joven simplemente me tomó del brazo diciendo que era necesario salvar una vida, en sus manos había sangre, por un momento creí que había un herido o algún percance dentro del edificio, pero —Marta me volvió a ver con temor como si no estuviera segura de lo iba a decir.
—¡Ya hablé! ahora me tiene muerta de la curiosidad —le dije un poco exaltada.
—Me trajo a tu departamento, estabas en el suelo, desangrándose, rápidamente evitamos que siguieras sangrando y evitamos un shock, quise llevarte al hospital, pero el joven se negó, dijo que si tu vida no corría riesgo era innecesario ya que eso traería grandes problemas con tu familia, luego me trajo lo necesario para que atendiera tu herida y te llevo a tu cuarto.
Me quedé sin palabras, incluso llegué a sentir que me faltaba el aire, no podía creer que ella supiera la verdad, no sé porque me dio vergüenza que supiera sobre mi fallido intento, pero lo peor es que ese tipo, ese joven del cual habla debe ser, no, estoy segura que es el mismo que estaba en mi cuarto al despertar, es el idiota en el cual no he dejado de pensar.
—Estas algo pálida mi niña, haré un poco de té —dijo con intento de ayudarme, pero la detuve del brazo.
—No, espere, ¿qué más pasó? —pregunte con curiosidad de saber que como ese tipo la busco exactamente a ella, una enfermera retirada, con los conocimientos necesarios para la situación.
—Bueno, después de revisar tus signos vimos que estabas estable, en realidad no habías sangrado mucho, la reacción de tu novio fue rápida, me dijo que se encargaría de cuidarte, pero que por favor no te acosara con mil preguntas del porque tomaste esta decisión y que te visitara hoy.
—¿Qué? Él no es mi novio —fue lo único que alcancé a decir y me levanté rápidamente del sofá y camine a la ventana.
—Una vez te conté que perdí a mi hermana —dijo ella mientras la escuchaba acercarse. —pero nunca te conté de qué murió.
Hay no, esto no olía bien y sentía que aquí venía un gran sermón sobre valorar la vida, echale ganas, eres joven y bla, bla, bla, simplemente continúe callada esperando que se fuera con mi silencio.
—El gran error de nuestros padres fue pensar que su primer intento fue un berrinche, incluso a ambas nos prohibieron salir con nuestros amigos, pero yo sabía que no era eso, no era un mal comportamiento, sabía que mi hermana estaba mal, pero ella no quería decirme, creía que nada se podía hacer — se hizo silencio por varios minutos.
No quería voltearme sabía que estaba llorando, mi debilidad es ver el sufrimiento de otros, me compadezco o incluso el dolor ajeno lo vuelvo mío.
—Entiendo que a pesar de estar rodeados de personas te puedes sentir sola, sin sentido, innecesaria, mal, como si algo faltara, sé que no soy más que una vecina que conociste hace nada, pero aquí estoy para ti, para cuando me necesitas. —menciono esto último y escuche la puerta cerrarse a mi espalda.
Di un suspiro al saber que se había ido, al menos en esta ocasión no se quedó a querer prepara la cena como siempre lo hace, fijé mi mirada hacia la calle y pensé en él, por un momento llegué a pensar que había imaginado a ese tipo, pero doña Marta lo había visto igual que yo y lo que dijo ella era cierto, era un chico muy guapo de piel pálida, ojos azules y cabello ondulado, pero eso no le quitaba lo acosador y psicópata.
—Eres cruel — escuche a mi espalda.
—Ay no —dije con susto al escuchar nuevamente esa voz gruesa a mi espalda. Se va una molestia para que llegue otra.

martes, 16 de octubre de 2018

Capítulo 1: Misterioso chico.


¿Cómo se vive? ¿Existe algún manual que nos de la indicación paso a paso cómo se debe vivir? La sociedad nos enseña que está bien y que esta mal, a su criterio claro, con el tiempo desarrollamos nuestro punto de vista sobre cómo llevar la carrera de vivir día con día, pero por más bien que podamos vivir, ninguna vida parece ser la correcta, la que tenga el honor de llegar a ser el modelo de vida ideal.
La vida puede llegar a vivirse de diferentes maneras quizás, muchos gastan años, dinero y malas relaciones en busca del amor de sus vidas, otros invierten tiempo, trasnochadas y lágrimas en lograr sus sueños. La mayoría solo siguen la corriente de este mundo, nacer, crecer, trabajar y morir. Todo eso sin un propósito en especial por el cual vivir, sin sueños codiciosos o grandes metas, todo gracias al miedo a fracasar, esa filosofía extraña que te dice “antes de intentarlo y fracasar mejor no lo hagas y ahórrate el sufrimiento.” Sí claro, como si de igual forma no se fuera a sufrir.
El frío gobernaba en el pequeño departamento, simplemente no valía encender la calefacción, no la necesitaría más, la oscuridad se apoderaba del lugar sin embargo solo necesitaba la tenue luz del baño para pasear una última vez por mi “hogar”, no es que lo fuera a extrañar, aprendí desde pequeña a no encariñarme con las cosas, solo quería asegurarme de que todo quedara en su lugar, no quería que la señora Marta encontrara el lugar sucio, bueno, tampoco se iba a encontrar algo muy agradable. Es una vecina agradable y siempre viene a visitarme los lunes en la noche; es una lástima que tan buena señora sea despreciada por sus hijos y la tengan viviendo sola, para estas fechas ni tan siquiera la han visitado y aunque ella no se queja en su rostro se nota la tristeza. Si mi madre estuviera con vida jamás cometería tal estupidez de alejarla de mí, sabrá Dios cuantas veces llore su ausencia.
Caminé hacia el baño y me detuve por varios minutos frente al espejo sin mirar realmente lo que había en frente, mi demacrado rostro. Mi mente vagaba en el pasado, recuerdo por recuerdo, desde mi niñez hasta ahora, como si inconscientemente mi cerebro tratara de encontrar una buena razón para quedarme más tiempo, lo único que logro fue que me precipitara a realizar lo planeado.
Me dejé caer sobre el piso de la pequeña habitación cerca de la bañera, respire profundo y me dije a mi misma que era lo mejor, sin embargo, había algo, como si una pequeña duda se aferrara a mi corazón y quisiera impedir mi siguiente acto, aun así, no funciono y continúe. Corté mi muñeca derecha y dejé la navaja a un lado, la cerámica estaba fría, pero eso no importaba, estaba a un paso de dejar atrás todo lo que me lastimaba. Mis parpados pesados se cerraron poco a poco y me dejé llevar hasta no recordar más nada en aquella fría noche de diciembre.
Lentamente una pequeña entraba a aquel lugar que se encontraba desolado, esa noche la lluvia no perdonaba y mojaba todo a su paso, su ropa estaba empapada, temblaba más por miedo que por frio y aunque se ahogaba entre sus propias lagrimas nada podía detener su impotencia, la rabia que nació de una injusticia.
—¿Por qué? —reclamo la niña estando frente al altar.
Como respuesta solo se escuchó el eco de su interrogante, no había una persona para que respondiera su pregunta, menos para que consolara su gran dolor.
Desperté, me encontraba perdida en el tiempo, no sabía en donde me encontraba ni recordaba nada en ese momento, sentí como mi cuerpo reaccionaba a la cálida sabana sobre la cual me encontraba, note mi dificulta al querer abrir los ojos, al primer intento logre ver luz, pudiendo así identificar el lugar sin embargo alguien las apago probablemente al notar que me costaba adaptar mi visión, pero al abrir completamente mis ojos confirme que estaba en mi cuarto, sobre mi cama. Las luces de los postes de electricidad de la calle se filtraban por las azules cortinas de la ventana. Por un corto lapso de tiempo miré el techo mientras los recuerdos de antes de quedar inconsciente llegaron a mí, me preguntaba ¿por qué no había muerto? ¿Cómo llegue al cuarto? Si mi último recuerdo fue ver como la sangre se derramaba lentamente sobre la blanca cerámica del baño.
—Al fin despierta, ya la hacía muerta —dijo una voz masculina dentro de mi habitación.
Escuchar esa voz me alertó de sobre manera, pues estuve tan absorta cuestionando mi situación que incluso había olvidado que alguien había apagado las luces, la típica aceleración del corazón en medio de una situación angustiosa se lograba sentir por todo mi cuerpo, al mirar por toda la habitación logré divisar de quien se trataba, ahí estaba él, sentado sobre mi escritorio, la imagen no era clara, solo sabía que se trataba de un chico por su voz y figura.
—¿Qué? —fue lo único que atine a decir en ese instante debido al nerviosismo, sin embargo, para él fue como si le hubiera hecho la pregunta correctamente.
—Has estado inconsciente durante 10 horas, pronto amanecerá, gracias al Todo Poderoso no perdió mucha sangre.
—¿Qué haces? —pregunté, con el tono más calmado que podía fingir en ese momento, al notar que su figura no se movió en ningún momento después de hablar tan extraño.
—Mirar lo patético que es tu vida al querer huir de ella —explicó con indiferencia mientras movía la cortina a un lado para mirar a través de la ventana
En ese instante ganas no me faltaron para decir unas cuantas cosas, pero no podía hacerme la valiente, estaba asustada y esa era una verdad que no podía ocultar, temía decir algo que lo hiciera avanzar hacia mí y que me lastimara. Dirán ustedes “que ironía”, les doy toda la razón, hace unas horas desee morir, aunque en ningún momento desee que alguien me lastimara físicamente, ¿es que acaso ya uno no puede suicidarse en paz?
Los minutos pasaban y eran tortuosos, él no hacía por donde hablar ni moverse, por un momento logro que dudara de mis capacidades mentales, ¿y si estaba imaginando todo? ¿y si ya había muerto y esta era la paga por mi pecado de quitar mi propia vida? No, jamás, esta situación extraña es pan comido al lado de la condena del fuego eterno.
—¡Lárgate! —grite ya casada de esa situación y sí, también por el tonto, pero acertado comentario que dolió como una punzada en la boca del estómago. No supe de donde había tomado valor o si mi impaciencia me hizo actuar en otro acto estúpido.
Nuevamente mi corazón se precipitó a palpitar como loco cuando él se bajó de mi escritorio con su fría mirada puesta en mí y camino hacia la puerta, simplemente la abrió, salió y cerro, sin mediar media palabra dejando aún más confundida. Mis pensamientos divagaron en mi perturbada mente hasta que el cansancio me obligo a dormir aun en contra de mi voluntad, pues temía que el volviera.

Nuevamente abrí los ojos, desorientada nuevamente también, de manera inmediata los recuerdos de hace unas otras llegaron a mi mente como baldes de agua fría y rápidamente intente levantarme de la cama, parecía ser medio día ya, camine atontadamente hasta la sala del departamento y busque las cosas de más valor, todo estaba en orden, conforme lo había dejado antes de mi plan.
Suavemente me dejé caer sobre el sofá, me mantuve unos minutos mirando hacia el piso tratando de acomodar mis pensamientos sobre lo ocurrido y su mirada salto entre mis recuerdos, ¿Quién era él? a pesar de la poca luz en la madrugada, pude observar parte de su rostro cuando se asomó por la cortina de la ventana, en mi vida había visto tal rostro, si no era un vecino, quizás era algún ladrón que al entrar al departamento y encontrarme muriendo en el baño prefirió hacerse el héroe al evitar mi muerte, pero aun así, ¿Por qué se fue sin exigir recompensa o llevarse algo?
De pronto un exquisito olor a comida inundo la habitación y por un instante me congele, ¿Quién rayos está cocinando?, lentamente camine hasta esa pequeña área y al asomarme con cuidado logre divisar de quien se trataba.
—¿Tío Saúl? —pronuncie más con alivio que con asombro, aun así, creo que mi voz lo sobresalto pues casi deja caer el plato sobre el cual estaba sirviendo.
—Oh querida sobrina, estaba por ir a llamarte, prepare tu plato favorito, debes comer algo, te has saltado el desayuno. — dijo apresuradamente mientras ponía el plato en la mesa.
En realidad, ese no era mi favorito, pero no tenía ganas ni de hablar, así que tome asiento más por agradecimiento que por gusto al único tío de mi familia que se ha preocupado un poco por mí en los últimos años.
—Pequeña debo irme, te visitaré luego con más tiempo, termina ese plato y queda más en el micro. Adiós
Así sin más se fue, era un hombre atento, pero poco cariñoso, en ocasiones creí que su atención era puro interés en mi dinero, sin embargo, nunca me ha pedido algo a cambio, quizás él ve en mi algo de papá. Mire el plato sobre la mesa y mi estómago rugió, quizás no era mi favorito, pero no se veía mal y no había comido nada desde la tarde del día anterior. Sin muchas ganas dirigí el primer intento de bocado a mi boca y digo intento porque de nuevo no estaba sola en el departamento.
—Yo que tu no comería eso —escuche su voz desde mi espalda.